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El día 28 de mayo del presente año recibí de la Compañía de Jesús un encargo de gran responsabilidad: regir a la Universidad Iberoamericana Puebla.
Quiero comenzar este mensaje con una reflexión que refleja las preocupaciones de todos los que tenemos la responsabilidad de contribuir con la misión de la Compañía en la educación: “La promoción de la justicia y la opción por los pobres deben ocupar el primer puesto en nuestras preocupaciones junto con la búsqueda de la calidad académica”.
Una Universidad Jesuita como la nuestra, tiene mucho quehacer si pretende mantenerse fiel a su identidad y a su misión.
Como Universidad, la aspiración y el compromiso con la calidad y la excelencia en todo lo que hacemos es una característica de nuestro modo de actuar. Cada ejercicio académico y/o administrativo, todas las áreas funcionales y los servicios universitarios, tienen que ser de calidad. Sin duda, debemos trabajar para conseguir las acreditaciones y certificaciones que otorgan diversos organismos externos, a nuestros procesos, programas académicos, planes de estudios, profesores, etc., de suerte que se confirme de manera objetiva esa calidad de nuestro servicio universitario.
Pero esto no es suficiente para una universidad jesuita. Hacer exactamente lo que hacen otras universidades no tiene sentido. Solamente vale la pena tener una universidad como la nuestra si acompaña la realización del servicio universitario a la luz de la misión de la Compañía. Nuestra tarea como universidad consiste en la búsqueda ilimitada y apasionada de la Verdad Total, universal.
Coincido plenamente que las palabras que el P. Kolvenbach dirigió a las Universidades:
Sobra decir que para que esto sea una realidad, los docentes necesitamos asumir esta perspectiva, necesitamos, en términos teológicos, de una auténtica conversión, y probablemente, de una formación teórica y empírica de ciertas claves que apoyen nuestra interpretación de la realidad bajo el carisma ignaciano y nos ayude a transmitirla a los alumnos.
Como actor social que es la Universidad, debemos asumir con fuerza la responsabilidad para ACTUAR a favor de la fe y de la justicia, con la inteligencia universitaria y empleando todo el peso de la Universidad para transformarla.
Evidentemente, la coherencia exige que la universidad jesuita se comporte también internamente en todos sus procesos con apego a criterios de justicia y solidaridad, al propiciar espacios donde se vivan los valores que deseamos promover en el mundo. Si como organización debemos pasar por auditorias académicas y fiscales, como universidades jesuitas debemos estar dispuestas a recibir también auditorias éticas y apostólicas.
El Padre Pedro Arrupe señalaba en 1973:
Todo lo que he escrito aquí puede sonar ambicioso. Sin embargo, tenemos excelentes documentos fundamentales de la Compañía que nos apoyan para la consecución de esta misión. No es algo que se consiga de la noche a la mañana. Representa un ideal que perseguir y mantener. Un trabajo que tendría que ser asumido y trabajado ENTRE toda la comunidad universitaria. Son características del compromiso que hemos adquirido al ingresar, que debemos profundizar y llevar a la práctica. Es una misión que exige de nosotros una conversión y un continuo referirse al amor del Padre para que sea posible que nuestra universidad, y todas las instituciones de educación superior de la Compañía de Jesús sean auténticamente universidades jesuitas.
Los invito a que desde cada uno de sus lugares de acción, este carisma universitario nuestro se convierta en verdadera realidad.
Mtro. DAVID FERNÁNDEZ DÁVALOS SJ
Rector
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