San Melchor Grodziecki, San Istvan Pongracz y Marcos Krizevcanin

 

Fiesta: 19 de enero

 

 

Melchor Grodziecki, de Polonia

 

 

Nacimiento y patria

 

La familia de Melchor Grodziecki es polaca. Melchor nace en Cieszyn en Silesia de Polonia, en el año 1584.

 

Sus padres tienen buena situación económica. Uno de sus tíos, Juan Grodziecki, es obispo de Olomouc y Wenceslao, un segundo tío, es preboste del Capítulo de Brno.

 

 

En el Colegio de Viena

 

Para la formación secundaria Melchor se inscribe en el Colegio de Viena, dirigido por la Compañía de Jesús. En los informes del Colegio aparece como un buen estudiante y distinguido en la piedad.

 

Se conserva una carta escrita por Melchor a su familia cuando ingresa a la Congregaci¢n Mariana (hoy Comunidades de Vida cristiana CVX) del Colegio. "Nunca he sentido mayor felicidad que el día en que logré ser admitido en la Congregación Mariana".

 

 

En la Compañía de Jesús

 

A los 19 años de edad, Melchor ingresa a la Compañía de Jesús en el Noviciado de Brno (ciudad situada hoy en la República Checa). Ese Noviciado tiene como bienhechores insignes a sus dos tíos, el obispo Juan y el preboste Wenceslao. Un joven húngaro, István Pongrácz, ha ingresado el año anterior. Desde el primer día, los dos novicios jesuitas, son "amigos en el Señor".

 

Melchor cursa los estudios de filosofía y de teología en la ciudad de Praga. En 1614, a los treinta años, recibe la ordenación sacerdotal. En su larga formación, Melchor es buen alumno, pero manifiesta preferencia, no tanto por la teología especulativa, sino más bien por la controversia, por la casuística y la música.

 

Debido al dominio de las lenguas eslavas, los Superiores lo encargan, apenas ordenado, del cuidado de los fieles checos que viven en Praga y los alrededores.

 

 

Los ministerios

 

Melchor establece su residencia en la ciudad de Kopa. Desde allí, visita a las comunidades checas. Hace un buen trabajo, pues domina ambas lenguas: la checa y la germana.

 

En su ministerio se ocupa, de una manera especial, de la formación de los muchachos pobres que son gran mayoría en la población checa.

 

 

La Tercera probación

 

En 1617, los Superiores lo destinan a hacer la Tercera Probación. Las circunstancias de la guerra no le permiten darle término.

 

Después del mes de Ejercicios, en diciembre, es enviado al colegio de Humenné, en Kosice (hoy situada en Eslovaquia), como capellán de los soldados católicos, polacos y bohemios, mercenarios del gobierno imperial.

 

Melchor pronuncia la profesión solemne, o los últimos votos en la Compañía de Jesús, cuando faltan menos de tres meses para su muerte.

 

 

En la ciudad de Kosice

 

En Kosice se dedica principalmente a los soldados de la guarnición.

 

El gobernador de la ciudad es Andrés Dóczy, un buen soldado y un católico preocupado. Para la atención de los católicos ha insistido ante el Provincial de la Compañía y ha obtenido, al fin, la presencia de Melchor Grodziecki para los habitantes de habla eslava y alemana.

 

 

 

Istvan Pongracz, de Hungría

 

 

Nacimiento y patria

 

István es húngaro. Nace en el castillo de Alvicz, cerca de Karlsburg, en 1582. Su familia se cuenta entre las principales de Hungría y está emparentada con los condes y barones de Pongrácz.

 

Hace los estudios clásicos en el principado de Transilvania, en el Colegio de los jesuitas en Cluj (actual Rumania). En los archivos hay muy buenos informes de ‚l.

 

Cuando termina esos estudios secundarios, István discierne su vocación y decide ingresar en la Compañía de Jesús. Deberá, eso sí, por decisión de los Superiores jesuitas, esperar un tiempo hasta lograr los permisos de su poderosa familia.

 

 

Su formación en la Compañía

 

El 8 de julio de 1602 ingresa al Noviciado de Brno. Nada sabemos de estos primeros años. Sí, al año siguiente, ingresa también a la Compañía el joven polaco Melchor Grodziecki con quien traba una profunda amistad.

 

Después de pronunciar los votos de pobreza, castidad y obediencia, István es destinado a cursar un trienio de filosofía en Praga. Los estudios clásicos del Colegio de Cluj son considerados más que suficientes para la Universidad. Al año siguiente se incorpora también Melchor Grodziecki que le sigue los pasos. También se conservan buenas referencias acerca de István en esta etapa de su vida.

 

El magisterio, tradicional en la formación de la Compañía, lo ejerce en los Colegios de Subiana y Klagenfurt.

 

Casi nada conocemos de esos años, vividos junto a los jóvenes. Debieron ser exitosos porque el cargo que se le entrega, más tarde, en Kosice, supone un desempeño ejemplar.

 

La teología la sigue en Gratz, en Austria. El Colegio universitario jesuita de Gratz es uno de los más importantes del imperio.

 

István, ordenado sacerdote, vuelve a Hungría. En 1615, lo encontramos como prefecto de estudios y predicador en el colegio de Humenné, en Kosice (actual Eslovaquia).

 

 

Un excelente predicador

 

En Hungría, se distingue por sus cualidades oratorias. Por su piedad y la cuidadosa preparación de los sermones, István  hace volver a la fe católica a un buen número de sus compatriotas.

 

El célebre predicador calvinista Alvinezy, capellán del príncipe de Transilvania Gabor Bethlen, no puede ocultar su indignación: "Mientras viva este jesuita, ni yo ni nuestra religión reformada, podremos vivir días tranquilos".

 

 

Destino a la ciudad de Kosice

 

Esta fama de buen predicador, el dominio de la lengua húngara y el celo apostólico de István explican el hecho de que Andrés Dóczy lo pidiera con insistencia para su guarnición de Kosice.

 

La nueva tarea la empieza en 1618. Comparte ahora los mismos trabajos de su compañero y amigo Melchor Grodziecki. Juntos, en la vida comunitaria, hacen los planes y se entusiasman. Poco después se une a ellos un joven canónigo croata, Marcos Krizevcanin, amigo de Melchor desde la secundaria en el Colegio de Viena y de István en la ciudad universitaria de Gratz.

  

 

El Canónigo Marcos Krizevcanin, de Croacia

 

 

Patria y familia

 

Marko Stjepan Krizevcanin nace en Korosy, Croacia en el año 1588. A los 12 años sus padres lo envían al Colegio de la Compañía de Jesús en Viena. En los cursos superiores del mismo Colegio está Melchor Grodziecki.

 

Al terminar los estudios clásicos hace un discernimiento vocacional acompañado por los jesuitas. Marcos cree vacilar entre la carrera militar y el estado eclesiástico. También considera el ingreso a la Compañía de Jesús. Los jesuitas le aconsejan esperar un tiempo y entre tanto estudiar una licencia en filosofía.

 

En el Colegio universitario de Gratz, también regentado por la Compañía, Marcos obtiene el grado en filosofía. Termina allí su discernimiento vocacional y decide ser sacerdote diocesano. La paz espiritual que consigue al hacer los Ejercicios espirituales de San Ignacio, lo une para siempre a la gran familia ignaciana.

 

 

En la ciudad de Roma

 

Marcos pasa a Roma. El 17 de noviembre de 1611 ingresa como interno en el Colegio Germánico-hungárico y asiste a clases en el Colegio Romano (actual Universidad Gregoriana), ambos de la Compañía de Jesús.

 

Con profundo consuelo asiste, en la ciudad eterna, a las ceremonias litúrgicas en las que el cardenal jesuita Roberto Belarmino agrega a la Iglesia de Roma al obispo Simeón Vretanja, de quien tiene origen la actual jerarquía católica de rito oriental en Croacia.

 

La estadía romana de cuatro años y la dirección espiritual de los jesuitas asegura en Marcos una profunda adhesión a la fe católica y al romano pontífice.

 

 

En la Croacia natal

 

En 1615, ordenado de sacerdote, Marcos regresa a su patria croata. En su ciudad natal, Korosy, ejerce su ministerio. Su principal apostolado consiste en visitar las villas y poblados campesinos fortaleciendo la fe.

 

El arzobispo de Esztergon y Primado de Hungría, Pedro Pazmany, su antiguo profesor jesuita en Gratz, lo nombra rector del Seminario de Trnava y, poco después, canónigo de la catedral. El Capítulo de la diócesis le encarga la administración de los bienes de la Abadía de Széplak, muy cerca de la ciudad de Kosice.

 

 

Con los jesuitas de Kosice

 

El cargo de administrador obliga al canónigo Krizevcanin a viajar con frecuencia a Kosice. En la casa del gobernador Andrés Dóczy se encuentra con sus dos antiguos amigos jesuitas, Melchor e István, y reanuda la interrumpida amistad.

 

Juntos, los tres, en el mes de julio de 1619, viajan a la Casa de Ejercicios de Humenné. Hacen los Ejercicios espirituales de ocho días. Los tres se dan los puntos de las meditaciones y juntos comparten las consolaciones del espíritu. No pueden saber que esa experiencia de los Ejercicios es una preparación para un martirio muy cercano.

 

Cuando Marcos regresa a la Abadía de Széplak, se entera de la marcha del ejército calvinista de Jorge Rakoczy contra la ciudad de Kosice. Inmediatamente se traslada allí para estar con sus amigos y compartir sus penas y alegrías.

 

 

El asedio de la ciudad

 

El día 3 de septiembre de 1619, el comandante Jorge Rakoczy y sus terribles hacdouks llegan a la ciudad.

 

No es mucho lo que puede hacerse. El ejército calvinista de Rakoczy es muy numeroso y los soldados católicos de Kosice son muy inferiores en número. Rakoczy se sabe vencedor. Exige rendición y la entrega del gobernador Andrés Dóczy. Por lo demás, los consejeros calvinistas de la ciudad se inclinan a entregarla.

 

En las conversaciones, Rakoczy dice: "que los calvinistas han tomado las armas y llegado a Kosice, no con intención de hacer daño a los ciudadanos pacíficos, sino sólo para vengar las afrentas de los papistas y mantener con la espada las libertades que los católicos romanos no permitieron".

 

Rakoczy, para vencer la resistencia de los consejeros, agrega: "Si los habitantes no usan la fuerza y entregan al gobernador Andrés Dóczy, él, Jorge Rakoczy, empeña su palabra de que nadie sufrirá violencia, ni en su persona ni en sus bienes".

 

Estas palabras aseguran la integridad de los tres sacerdotes. Así piensan los católicos. Por lo demás, la entrega del gobernador no parece del todo peligrosa, porque su vida podrá ser negociada por el rey. Así ha sido siempre.

 

 

La rendición

 

Los consejeros de la ciudad se resignan a pactar. Varios de ellos se dejan convencer, o fingen hacerlo, ante las palabras del predicador calvinista Alvinczy. Por lo demás la artillería apunta contra el palacio de gobierno. Y parece haber, entre los soldados de Dóczy, un conato de revuelta.

 

El gobernador es entregado. De inmediato es remitido a Transilvania ante el príncipe Gabor Bethlen. Desde entonces, Andrés Dóczy desaparece del escenario de la historia. La creencia general es que pereció envenenado por los calvinistas.

 

 

Una decisión injusta

 

Consumados los hechos, el predicador calvinista Alvinczy pide al comandante Rakoczy la muerte de los católicos más importantes. No lo consigue, pero sí se ve obligado a poner en prisión a los sacerdotes.

 

Jorge Rakoczy sabe que esta concesión va directamente contra su palabra empeñada. Pero no se atreve a oponerse al poderoso predicador, favorito del príncipe Gabor.

 

  

La prisión

 

Primeramente, los tres sacerdotes quedan confinados en sus habitaciones, con centinelas a la puerta.

 

El P. István Pongrácz exige que se les haga un juicio. Ante jueces idóneos, así lo dice, podrá exponer su causa y la de sus compañeros. Jorge Rakoczy, influenciado por Alvinczy, le hace saber, con sarcasmo, que muy pronto quedará  determinado lo que se hará con él y sus amigos.

 

Durante tres días no les dan de comer ni de beber. Cuando ellos solicitan un poco de alimento, los guardias, por burlas a la religión católica, les ofrecen carne. Es un día viernes, día de abstinencia para los católicos.

 

Los tres sacerdotes saben muy bien que, en la extrema necesidad en que se encuentran, el precepto no los obliga. Pero también se dan cuenta de que si aceptan comer carne, eso puede ser ocasión de escándalo y será presentado como una prueba de haber abandonado la fe romana. De común acuerdo, deciden rechazar el alimento.

 

 

Un ofrecimiento a Krizevcanin

 

Un enviado de Jorge Rakoczy se presenta ante Marcos y le ofrece en propiedad el beneficio eclesiástico de la Abadía de Széplak, el mismo que él ha administrado para el Cabildo de la diócesis de Esztergon.

 

La única condición que se impone es la de aceptar las doctrinas de Calvino. Marcos no tiene que hacer grandes demostraciones: Sólo basta su palabra que debe dar al subalterno de Alvinczy allí presente.

 

El P. István Póngracz se indigna al escuchar la oferta. Se encara ante el mensajero y le dice: "Parece que el comandante quiere hacer el papel del demonio, porque busca alejar de Jesucristo a sus fieles. Dígale Ud. que puede ahorrarse el trabajo de inducirnos a dejar la fe católica. Está perdiendo el tiempo inútilmente".

 

El mismo Krizevcanin toma entonces la palabra. "Déjeme, Padre, responder por mí mismo y enviar con este enviado un mensaje al comandante. Diga Ud. a su general que él se ha adueñado contra todo derecho de un beneficio que no le pertenece y que es propiedad del Capítulo de Esztergon. Al general Rakoczy no le asiste ningún derecho para regalar lo que no es suyo. Dígale que podría haberse ahorrado sus ofrecimientos, porque yo no vendo mi fe. Si quiere matarme, puede hacerlo, porque yo estoy dispuesto a dar la vida por la fe católica"

 

Rakoczy se enfurece. Ordena a los guardias quitar al P. István las llaves de la capilla. Destrozan casi todo y se roban el resto. Todo esto con las enérgicas protestas de los tres sacerdotes.

 

 

Un rescate que se ofrece

 

El día 6 de septiembre, por la tarde, Jorge Rakoczy hace saber al canónigo Marcos Krizevcanin que es posible obtener su libertad si se aviene a cancelar una fuerte suma como rescate.

 

Marcos acepta, pero pone como condición que el rescate se extienda también a sus dos amigos jesuitas. El se las arreglar  para conseguir el dinero que se le pida. Rakoczy rechaza la condición. El beneficio es exclusivo para el canónigo. Si no lo acepta, morirá con los jesuitas.

 

István pregunta: ¿Por qué nos van a matar?

 

"Porque Uds. son católicos papistas", es la respuesta.

 

István contesta por los tres: "Si ése es nuestro delito, moriremos por la fe".

 

Marcos Krizevcanin se recoge en oración y hace un discernimiento heroico. Es el discernimiento m s importante de su vida. Rechaza la libertad y se une a la suerte de los jesuitas.

 

 

Amenazas

 

Miguel Szégedz, el jefe de ese grupo calvinista que ha traído el ofrecimiento de Rakoczy, se enfurece: "Ahora mismo Uds. van a morir. O confiesan la fe calvinista o se acaba todo"

 

Los tres sacerdotes toman entonces conciencia de que ha llegado el momento de ofrecer la vida.

 

István grita por los tres: "Nadie podrá quitarnos del corazón ni de la boca la fe católica".

 

Y se adelanta, con paso firme y la cabeza erguida, ante Miguel Szégedz quien tiene la espada desenvainada.

 

Pero los poderes de Szégedz no llegan a tanto. Da media vuelta y se aleja con amenazas.

 

El canónigo y los dos jesuitas se miran y se dan cuentan que la situación parece no tener vuelta. Se confiesan entre sí y se preparan.

 

 

El martirio de István

 

Hacia la medianoche del 6 al 7 de septiembre, de 1619, nueve emisarios de Jorge Rakoczy, acompañados por el predicador Alvinczy, el senador Rayner y algunos hacdouks, golpean violentamente la puerta de la habitación de los tres sacerdotes.

 

István abre la puerta. De inmediato lo golpean fuertemente, lo derriban al suelo y lo dejan sin sentido. A los otros dos los sujetan con violencia.

 

Cuando István vuelve en sí, los verdugos se ensañan contra él. Le rompen la ropa y queda así casi desnudo. Le amarran las manos a la espalda. Lo queman con las teas encendidas que traen y lo cuelgan desde una viga.

 

Lo castran. Le aprietan la cabeza con una soga y lo vuelven a quemar hasta que se vean las vísceras.

 

"Pásate al calvinismo y te dejaremos en paz".

 

István contesta: "No, jamás. Prefiero morir a ceder"

 

Le cortan la nariz y lo dejan en un taburete, desangrándose.

 

 

El martirio del canónigo

 

El martirio de Marcos es también muy duro. Primero lo golpean con palos y con las espadas. No cesan de decirle que debe pasarse al calvinismo.

 

En un momento los verdugos parecen calmarse. Le dirigen palabras de compasión y hasta en un tono suave. Le piden que se pase al partido que defiende la libertad de su patria en contra de los Habsburgos que son católicos.

 

"Dios me libre de ser enemigo de los que trabajan por la libertad de mi patria", balbucea a duras penas el canónigo.

 

István lo escucha desde su taburete y siente miedo. Entonces saca fuerza y grita:

 

"Marcos, no te pases al bando de los calvinistas. No reniegues de nuestra fe"

 

El canónigo  contesta con toda la voz de que es capaz:

 

"István, no tengas miedo. Jamás traicionaré la fe. Prefiero morir. Solamente estoy declarando que amo a mi patria y quiero estar con todos los que la aman, pero yo soy católico".

 

Furiosos los esbirros, lo queman con las antorchas y le cortan la cabeza. Así muere Marcos, con la fe y la patria en el corazón y en los labios.

 

 

El martirio de Melchor

 

El P. Melchor Grodziecki también es golpeado.

 

A él le gritan algo que no entiende. Después, se da cuenta de que los calvinistas están tratando de presentar una excusa de tipo no religioso. Le dicen que entregue los documentos de la conjuración que los tres han tramado contra los protestantes.

 

Melchor dice que jamás ha existido un plan en contra de los protestantes. Por lo tanto, no puede haber documentos de ninguna especie. M s aun, sostiene que los católicos y los calvinistas pueden vivir juntos en una misma ciudad. Así ha sido hasta la fecha y promete que él trabajará, sin descanso, por la paz religiosa.

 

A igual que a István, le amarran las manos y lo cuelgan de una viga. Pero a él, no lo castran. Le ponen pesas en los pies para descoyuntarle los huesos.

 

Con la punta de las espadas le sacan pedazos de carne y también lo queman con las teas que traen para alumbrarse. Lo dejan pronunciar el nombre de Jesús. Pero cuando pide la protección de la Virgen María, un soldado le corta la cabeza. Su cuerpo es arrojado junto al cadáver del canónigo.

 

 

El segundo martirio de István

 

István se ha desplomado en el taburete. Bañado en sangre, ha visto la muerte de sus amigos. Está  rezando. Uno de los verdugos lo escucha cuando dice: "Señor, perdónalos, porque no saben lo que hacen".

 

Y de nuevo se ensañan con él. Le exigen confesar el calvinismo. Pongrácz saca fuerzas y dice: "No".

 

Un soldado, con dos golpes de espada, pretende cortarle la cabeza. La posición, en la que está  István, no lo permite. Sólo quedan las heridas y se desmaya.

 

 

En la cloaca

 

Al amanecer los tres cuerpos son arrojados a un pozo. Los verdugos no se dan cuenta de que István todavía respira.

 

En la cloaca, István Póngracz vive todavía veinte horas. Sólo dice: "Jesús, María, Jesús, María".

 

El sacristán de la capilla, Miguel Eperjéssy, que se ha acercado a mirar, lo escucha. István, desde el pozo, le suplica avisar al senador Hoffman, católico, para que envíe gente a sacarlo de la cloaca. Miguel le responde que el senador también ha sido muerto por los calvinistas. István contesta: "Que se haga entonces la voluntad de Dios". Poco después muere.

 

 

Los protestantes de Kosice

 

Melchor, István y Marcos eran queridos en Kosice, aun por los protestantes. Es cierto, en la ciudad, las dos tradiciones religiosas podían vivir, casi sin molestarse. Los tres sacerdotes no se apoyaban en el poder real para predicar el evangelio. Sus ministerios eran más bien tranquilos y muy respetuosos.

 

Por ello, los calvinistas no pueden estar de acuerdo con esa muerte cruel. No merecen esos tres sacerdotes católicos un tratamiento tan propio de bárbaros. Están verdaderamente consternados. Con los amigos católicos se las arreglan para recoger los cuerpos y darles una provisoria sepultura. Con valentía y mostrando tener un alma grande se dirigen al gobernante para que permita una ceremonia religiosa.

 

 

La glorificación

 

El príncipe calvinista Gabor Bethlen prohibe escuchar las peticiones, protestantes y católicas, en orden a permitir una honra para los tres mártires. La población de Kosice ve en esto una injusticia.

 

A los seis meses la condesa Katalin Palffy obtiene una sepultura digna. Sus restos están ahora en la iglesia de las Ursulinas, en Trnava.

 

El cardenal Peter Pazmany, que había nombrado al joven Krizevcanin canónigo de Esztergon, pide, pocos años después, al papa Urbano VIII el permiso del culto público.

 

El papa San Pío X los beatifica en 1905. El papa Juan Pablo II los canoniza solemnemente en la ciudad de Kosice, el 2 de julio de 1995.

 

 

 

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