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Sonreírle al espejo sin temor a la báscula

Cuando todo depende de la autopercepción del cuerpo se pierde de vista la importancia de todos los elementos que conforman el diario vivir.

En el imaginario colectivo se ha normalizado el concepto de ser “flaco” y musculoso como una ruta hacia la felicidad y el reconocimiento de los demás; en cambio, la gordura es asociada con el fracaso, el rechazo y la falta de autocontrol. Los profesionales de la salud no están exentos de apropiarse de estos prejuicios y ejercerlos sobre sí mismos.

Durante un foro organizado por las coordinaciones de Nutrición y Ciencias de los Alimentos del Sistema Universitario Jesuita (SUJ), la Mtra. Marisa Rico Rodríguez explicó cómo la culpa y la autotortura son utilizadas como reguladores de la alimentación que derivan en desórdenes psicoemocionales.

Un trastorno alimentario se construye en la familia, en la historia de vida, en el entorno y en las dinámicas sociales. En estos espacios se configuran las ideas que privilegian el peso bajo y la figura socialmente aceptada como vías para alcanzar todas las metas. “Estas ideas mantienen las conductas que dan el diagnóstico de bulimia, anorexia, sadorexia y vigorexia”, explicó la psicóloga.

La cultura contemporánea privilegia el peso esvelto y el aspecto físico estilizado. Esto impide que las personas tengan acceso a una alfabetización nutricional completa, pues la información se limita a saber si un alimento engorda o no. La cultura fitness ha normalizado la insatisfacción con el cuerpo sin importar si este se encuentra dentro de los parámetros considerados como saludables.

Así, el pensamiento en términos de contenido calórico ha potenciado el análisis corporal meticuloso, donde la concepción del organismo se disecciona por elementos. Bajo estos parámetros, reprueba Rico Rodríguez: “la perfección es la meta y si no llegamos a ella debemos sentir vergüenza”. El error puntual es la autopercepción del individuo como un conjunto de miembros y extremidades estetizables, no como seres humanos integrales.

La construcción del autoconcepto se da a partir del desempeño en diferentes áreas, lo que marca la percepción que cada quién tiene sobre su valía como persona. En cambio, la vida de una persona que sobrevalora el peso y la figura deviene en alteraciones en los hábitos alimenticios.

A través de la comunicación de masas, las personas son bombardeadas por la normalización de valores que enferman: desde retos alimenticios restrictivos hasta imágenes alteradas y promesas quirúrgicas peligrosas. El problema, explicó, es que se prometen cambios rápidos sin que la persona conozca cómo funciona su salud.

Marisa Rico llamó a cuestionar si los objetivos corporales tienen bases benéficas verdaderas para la salud física y mental, así como a mirar al entorno para notar que no todas las personas exitosas se han valido de un cuerpo perfecto para alcanzar sus objetivos. Además, enfatizó la importancia de mantener asesorías con profesionales de la salud y la nutrición.

 

Reportero multimedia y texto / Roberto Pichardo Ramírez/ZHR

Capturas de pantalla / Zamria Hernández Rojas

“Estas enfermedades pueden generar la muerte y arrancar la paz por completo; nos privan la tranquilidad, nos aíslan y nos llevan a perdernos de experiencias increíbles”.
Marisa Rico.

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