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Todos deberíamos poder ser intelectuales, reflexiona López Alós

Las sociedades azoradas por la cultura de la productividad y el escepticismo necesitan resignificar la figura del intelectual y abrazar la inteligencia como un bien colectivo.

Aunque prevalece como una imagen aspiracional, la figura de la persona intelectual ha entrado en un periodo de decadencia en su estatus como autoridad. La crítica hacia quien se proclama como el “pensador del grupo” ha conducido a un desprecio por la exclusividad del intelecto y el razonamiento, convirtiendo a la realidad misma en un bien de consumo: cada quién escucha la verdad que mejor le acomoda.

Para ofrecer una lectura que consagre el espacio público como una tertulia democrática y alegre, Javier López Alós integró el ensayo El intelectual plebeyo. El filósofo argumenta que estamos ante una biologización de la vida intelectual, lo que conduce a una sociedad de barbarie en donde el ejercicio intelectual se utiliza como mecanismo de supervivencia.

Como respuesta, propone rescatar la importancia social de que todas las personas puedan desarrollar su propio pensamiento y encausarlo para el bien común. “Inevitablemente, nos topamos con la pregunta de cómo hablo con el otro, quién es el otro para mí”, explicó durante una exposición para la IBERO Puebla. En este encuentro, la claridad en los discursos es clave para implementar una condición de verdad en las interacciones humanas.

La aspiración última es a que el ejercicio intelectual sea una parte de la vida de cualquier persona, “que se tenga el derecho a que ese tipo de inquietudes puedan tener un reflejo en la vida de cualquiera sin la necesidad de ser un privilegiado o un profesionista”. De lo contrario, afirmó López Alós, se cae en la dualidad éxito-fracaso que reduce el acceso a los goces de la vida intelectual.

De ahí nace el concepto de ‘plebeyo intelectual’: de la necesidad de defender una vida que puede pertenecerle a cualquiera. El libro introduce también la noción de ‘pensamiento alegre’ como una forma de hermanar a las personas y erradicar la percepción del otro como una amenaza. Se trata, sintetizó, de un pensamiento libre de miedo y responsable de sí mismo.

En los tiempos actuales, una de las mayores amenazas a las capacidades intelectuales es la inmensa cantidad de estímulos del exterior que nublan la concentración. Ante la presión permanente de adecuarse a ritmos y estilos de vida consumistas e individualistas, la actitud del plebeyo es un acto de resistencia. “El capitalismo de la atención se apoya en un extractivismo emocional. De ahí la defensa de la alegría”.

El plebeyo intelectual plantea una exploración por la posibilidad de una vida intelectual y de una normatividad adecuada. Como observó Manuel Silva de la Rosa, coordinador del Programa Universitario Ignaciano de la IBERO Puebla, pensar no es una mera capacidad, sino una actividad compartida: “el que piensa está realizando una acción, y toda acción representa una transformación”.

Todos deberíamos poder ser intelectuales, reflexiona López Alós

En el ensayo se cuestiona al intelectual que busca ser escuchado y consumido en todos los escenarios posibles, muchas veces con discursos faltos de originalidad. Al mismo tiempo, se exhorta a apreciar la necesidad de pensar desde la honestidad, no desde la búsqueda del reconocimiento.

Silva de la Rosa encontró en el libro una invitación a sospechar sobre lo que cada uno cree que sabe. “Para que el pensamiento sea creativo requiere de una resonancia y una disonancia”. Sin embargo, agregó: “hoy más que nunca, el ‘intelectual plebeyo’ es la importancia de poner atención”.

Tomás de Aquino creía que el conocimiento que no es compartido se convierte en inoperante. El libro se pregunta por la necesidad de constituir una comunidad intelectual que erradique los intereses neoliberales en favor de la creación de ‘intelectuales plebeyos’. Así lo indicó el editor de la obra, Carlos Javier González Serrano, al reprobar el espíritu competitivo de la sociedad académica.

“Hablamos de un conocimiento más cooperativo, establecido en el compartir. Esto tiene que ver con legitimar la vida en común”. El experto en estudios pesimistas aseguró que todas las personas tienen derecho a hacer uso de la palabra. En ese sentido, la reflexión debe cuestionar en qué momento debe ser escuchada la persona intelectual y qué papel debe jugar en la sociedad.

 

Reportero multimedia / Roberto Pichardo Ramírez/GBM

Capturas de pantalla / Zamira Hernández Rojas

Sala de prensa / Germán Báez Monterrubio

“¿Hasta qué punto el trabajo intelectual se está autoboicoteando? Estamos compitiendo con quienes tendrían que ser nuestros compañeros”.
Carlos Javier González.
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