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Venezuela busca la cura para la fiebre del oro negro

La crisis humanitaria del país sudamericano llega luego de años de prosperidad de una economía basada en la renta del petróleo y el socialismo propio de la región.

Hugo Chávez Frías vaticinó que para el siglo XXI América Latina sería una región unida y liberada del neoliberalismo. No ha sido así. La estrategia de petrodiplomacia que acompañó su movimiento revolucionario terminó por quebrar el espejismo de la bonanza de los primeros años de la década pasada y sumir a Venezuela en una crisis humanitaria sin precedentes. Mientras tanto, el Cono Sur observa e intenta contener el declive del chavismo.

La revolución bolivariana dependía de la renta petrolera para el pago de bienes y servicios. Como contraposición al capitalismo, la racionalidad socialista del petróleo buscaba un crecimiento económico equitativo que elevara los niveles de vida de las mayorías.

El comandante buscó emanciparse de Estados Unidos por todos los medios. Como explicó la Mtra. Ana Laura Segura Martínez en un webinario conjunto entre la IBERO Puebla y la UNAM, la estrategia de Chávez se basó en el viraje hacia negociaciones con Rusia y China para diversificar su clientela de crudo. La cooperación con el Gobierno ruso arrancó en 2001 con la firma de 254 acuerdos en materia petrolera, pero también militar, espacial y bancaria.

Aunado a ello, el llamado “nacionalismo petrolero” captó grandes contribuciones tributarias por parte de las empresas transnacionales. “Si el Estado venezolano no hubiera aplicado estos principios, en esta época de bonanza del 2003 al 2013 [el capital] se hubiera quedado en las empresas”. Justo antes del estallido de la crisis, solo el 33% de las exportaciones de crudo tenían como destino Estados Unidos.

El bolivarianismo fue uno de los primeros cuestionamientos contundentes al neoliberalismo. La llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1999 permitió la profundización de la política social que, de arranque, mejoró considerablemente las condiciones de vida de la población.

La narrativa de los siguientes siete años se centró en la posibilidad de construir un modelo socialista propio de Latinoamérica, lo que provocó la cohesión del electorado e infló de legitimidad a la figura de Chávez. Surgió así el sistema económico comunal: una propuesta que buscaba rodear la estructura del Estado liberal para construir un nuevo sistema financiado por la exportación de crudo.

Tras la muerte de Chávez en 2013, inició el proceso de devaluación que tocó un punto crítico tres años después. Esta crisis constató la inviabilidad del modelo productivo basado en el rentismo petrolero. Finalmente, en 2017 se gestó una oposición crítica radical que volcó a la gente a las calles y que actualmente negocia con Nicolás Maduro en cancha neutral: México.

 

Estados petroleros

Nuestro país produce petróleo desde principios del siglo XX, pero comenzó a exportarlo a gran escala hasta los años 70. Venezuela, por su parte, ha explotado sus recursos del subsuelo desde mucho más tiempo atrás. Las diferencias que pueden encontrarse radican en la gestión de los recursos naturales más que en su disponibilidad.

Venezuela ha buscado convertir la riqueza natural en bienestar poblacional, cometido que no ha sido fácil gestionar. “Esta actividad puede derivar en la entrada de divisas importantes, lo que lleva a inflaciones altas y un desbalance del mercado”, aseguró la Mtra. Rosalba Mercado Ortiz. En ambos países, el petróleo representa un líquido contradictorio: es tanto que no ha podido ser administrado correctamente.

La académica de la IBERO Puebla destacó que las crisis económicas cambian las perspectivas de la población sobre los órdenes políticos establecidos. “El nivel de vida que tienen las personas alimenta los movimientos sociales y toda la vida económica”. En el caso de los países petroleros, el precio del crudo puede determinar la balanza comercial y los índices de inflación, lo que se traduce en actitudes volátiles frente al gobierno en turno.

En los últimos 20 años, la población mexicana ha percibido con ligero pesimismo la posibilidad de crecimiento económico; en Venezuela, el desaliento es mucho más evidente. Mercado Ortiz lo relacionó con los niveles de crecimiento del PIB de cada nación, la tasa de desempleo y, en tiempos recientes, la acción frente a la COVID-19.

La mesa de negociaciones entre Gobierno y oposición se encuentra discutiendo el acceso a un fondo de apoyo, la celebración de elecciones transparentes y una gestión adecuada de la pandemia. La Mtra. Nydia Lourdes Reyes Rodríguez sentenció que, ante todo, debe recordarse que “hay mecanismos de violencia que dan cuenta de la intervención del régimen internacional y que afectan directamente a los territorios”.

A diferencia de lugares como Francia, América Latina nunca ha tenido revoluciones burguesas. En su lugar, las transformaciones han llegado con la insurrección de grupos históricamente oprimidos. Esto ha obstaculizado el desarrollo de la región, el cual, a decir del Lic. Gilberto Ramírez Toledano, tuvo un repunte en el siglo XX con la motivación de exportar recursos naturales a Estados Unidos.

El siglo XXI inició con dos bloques de gobiernos de izquierda: uno radical (Bolivia, Ecuador, Venezuela y Cuba) y otro moderado (Brasil, Argentina y Uruguay). Con la caída de los precios de las materias primas como el petróleo en 2009, los gobiernos progresistas vieron deteriorada su economía, lo que fue aprovechado por las oligarquías para devolver el neoliberalismo al Cono Sur.

Los triunfos de López Obrador en México y Pedro Castillo en Perú, así como las movilizaciones civiles de Chile y Colombia han marcado el pulso de la política latinoamericana en tiempos recientes. Sin embargo, tanto nuestro país como Venezuela continúan lidiando, cada uno a su escala, con la insostenibilidad de una economía basada en la extracción.

 

Reportero multimedia y texto / Roberto Pichardo Ramírez/GBM

Capturas de pantalla / Ramón Tecólt González

Sala de prensa / Germán Báez Monterrubio

En la nación sudamericana, el petróleo determina las dinámicas de vida de la población. En 2020 se producían 400,000 barriles de crudo al día, la producción más escasa en 50 años.

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